Sin saber escribirme

La portada se diseñó como un ejercicio de autoexploración, traduciendo el proceso de búsqueda interior en una pieza artística que sirve de espejo al contenido del autor.

Conceptos del proyecto

Introspección: Persona auto dibujándose
Autopercepción: Palabras escritas a mano rodeando la figura principal.
Homenaje a las artes clásicas: Pintura digital que simula la acuarela y el carboncillo, sobre una papel de efecto antiguo.

Sin saber escribirme

Sin saber escribirme es un proyecto editorial centrado en la creación de una identidad visual para un poemario de alta carga emocional. La portada se diseñó como un ejercicio de autoexploración, traduciendo el proceso de búsqueda interior en una pieza artística que sirve de espejo al contenido del autor.

Conceptos del proyecto

Introspección: Persona auto dibujándose
Autopercepción: Palabras escritas a mano rodeando la figura principal.
Homenaje a las artes clásicas: Pintura digital que simula la acuarela y el carboncillo, sobre una papel de efecto antiguo.

La anatomía de una idea: bocetaje y proceso.

El peso del óleo (Exploración digital)

La idea: Quería que la portada tuviera esa fuerza táctil de las Bellas Artes.

El proceso: Trabajé en Photoshop simulando la textura densa del óleo y el acrílico sobre lienzo. Buscaba una sensación de antigüedad, algo que gritara «historia vivida».

El veredicto: Aunque visualmente impactaba, se sentía demasiado pesado para la fragilidad de los versos. Descartado, pero me sirvió para entender que el libro necesitaba más aire.

El trazo lineal (La búsqueda de la sencillez)

La idea: Quería ver qué pasaba si desnudaba la portada y me centraba en el dibujo puro. Buscaba una estética más directa, basada en la línea y en la sencillez del trazo manual.

El proceso: En esta etapa me alejé de las texturas densas para probar un estilo más ilustrativo y limpio. Quería que el peso recayera en la forma, buscando una conexión más íntima y sobria con el lector.

El veredicto: Al final, la propuesta me resultó algo «fría». Sentía que el diseño se quedaba en la superficie y no lograba transmitir esa riqueza emocional que tiene el poemario. Era un dibujo correcto, pero le faltaba la vibración y las capas que el autor merecía.

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